EL tren de las 8:04: La chica del tren

Cada mañana a las 8:04 Rachel, nuestra chica del tren, se sienta en el mismo vagón junto a la ventana quedando prendada de las casas, de los paisajes, de las personas, especialmente de una pareja a la que observa unos segundos día tras día con cierta obsesión…
… de bien sabido es por todos, que la transición de una novela de éxito a la gran pantalla suele provocar reacciones confrontadas y decepcionar a un público de por sí ya bien educado en el mundo cinematográfico.

La chica del tren, el (Pen) último producto literario que ha reventado el mercado,no es menos, y ha descarrilado de manera contundente ahí donde se ha estrenado. Las expectativas bien elevadas tras el arrollador éxito de la novela de Paula Hawkins. Y sobretodo, tras los buenos resultados de “Perdida” (obra de tintes y estrategias similares), que sí recolectó un buen puñado de críticas positivas y de público cuando se plasmó a la gran pantalla, se ha quedado ésta vez a medio camino de trayecto entre un film correcto y un telefilme de fin de semana de Antena 3 Tv, al quedarse sin combustible nada más salir de la estación.

Con algún cambio respecto a la novela, Manhattan por Londres, se nos narra un angustioso tramo en la vida de tres bellas mujeres con sus traumas, vicios e indecisiones. Un tanto mareante, lenta y espesa. La estructura narrativa de introducirnos bajo la piel de cada una de las protagonistas, cambiando continuamente de raíl entre ellas para dar equilibrio y estabilidad a la trama es enteramente fallida para una película de estos tintes. Abusa hasta la extenuación del flashback. Un viaje con demasiadas elipsis temporales sin el freno de mano puesto, tan sólo logra que el espectador nunca acabe comprando el billete para sentarnos al lado del asiento de Rachel (nuestra voyeaur protagonista), de lo que se preveía un prometedor film tantas veces vendida como el relevo de “Perdida”.

Tal vez el problema no radica en quien se ha puesto detrás de los mandos de semejante locomotora, el realizador norteamericano Tate Taylor, responsable de la dulce y edulcorada “Criadas y señoras” seguramente un muy buen director para melodramas de toques clásicos pero algo perdido para un vehículo de tanta exigencia e intensidad, más conveniente para alguien con mejor pulso descriptivo en el género de los thrillers con más sustancia y angustia cómo puede ser el oficio de David Fincher que además de construir espacios inquietantes imprime y exprime los guiones como pocos. La chica del tren es una historia que ni con los previsibles giros argumentales (para sorprender al espectador) logran darle carácter a una historia lenta, sin tensión, misterio ni garra a lo largo de las 2 horas de metraje que dura nuestro viaje. O posiblemente el inconveniente radica en quien se ha encargado de adaptar el guión que ha dejado en simpleza lo que tenía entre sus manos, provocando más rigidez y frialdad que una inquietante y verdadera historia de tensión llena de misterio.

La chica del tren, un melodrama maquillado con olor a thriller, venía a toda velocidad a comerse la taquilla y a subir en los puestos de las mejores películas de suspense de los últimos años al contar con ingredientes atrayentes como es el sexo, las mentiras, las desapariciones, violencia, los miedos, las infidelidades e inseguridades; pero amigo tendrás que seguir esperando para que ello ocurra porque el tren ha pasado de largo y nunca mejor dicho.

El filme producido por la Universal no deja de ser un correcto entretenimiento en el que no acaba de coger jamás velocidad a pesar de contar con un gran plantel de actrices; Emily Blunt, Rebecca Ferguson y Haley Bennett, que dan empaque especial a tal despropósito y fallido producto.

 

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